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Terapia hormonal para la menopausia: beneficios, riesgos y cómo saber si es una opción para vos

¿Los bochornos te interrumpen el día? ¿Te despertás empapada de sudor o la resequedad vaginal hace que las relaciones sexuales sean incómodas? Aunque estos síntomas pueden aparecer durante la transición a la menopausia, no tenés que resignarte a vivir con molestias.

La terapia hormonal puede ayudarte, pero la decisión depende de tus síntomas, tus antecedentes y la etapa en la que te encontrás. No todas las mujeres necesitan hormonas ni todos los tratamientos hormonales tienen los mismos riesgos. Por eso, conviene conocer las opciones y decidir junto con tu ginecóloga.

¿Qué es la terapia hormonal para la menopausia?

Es un tratamiento que utiliza estrógeno y, cuando corresponde, progesterona u otro progestágeno para aliviar molestias relacionadas con la disminución de las hormonas durante esta etapa.

Podés recibirla durante la perimenopausia, que es la transición previa a la menopausia, o después de que tus menstruaciones hayan terminado. No necesitás esperar a que la regla desaparezca por completo ni a que los síntomas sean insoportables para consultar.

La presentación se elige según las molestias que querés tratar:

  • Terapia sistémica: llega a distintas partes del cuerpo a través de la sangre. Puede administrarse mediante pastillas, parches o geles, entre otras presentaciones.
  • Estrógeno vaginal de dosis baja: actúa principalmente en los tejidos vaginales y tiene una absorción hacia la sangre mucho menor. Se utiliza para síntomas locales.

¿Qué beneficios puede ofrecerte?

El beneficio principal es aliviar síntomas que afectan tu bienestar:

  • Reducir los bochornos y los sudores nocturnos. La terapia hormonal sistémica es el tratamiento más eficaz para estas molestias.
  • Mejorar el descanso cuando los despertares se relacionan con los sudores nocturnos.
  • Aliviar la resequedad vaginal y el dolor durante las relaciones sexuales.
  • Disminuir la pérdida de masa ósea y el riesgo de fracturas mientras se utiliza el tratamiento.

La elección debe responder a lo que vos necesitás. Si tu principal molestia es vaginal y no tenés bochornos, puede ser suficiente un tratamiento local.

El estrógeno vaginal de dosis baja no trata los bochornos ni ofrece la protección ósea de la terapia sistémica. Por lo general, tampoco requiere agregar progesterona, incluso si conservás el útero.

¿Por qué importa si todavía tenés útero?

Si conservás el útero y vas a recibir estrógeno sistémico, generalmente necesitás acompañarlo de progesterona u otro progestágeno. Esto protege el endometrio, que es la capa interna del útero, del crecimiento excesivo que puede causar el estrógeno por sí solo.

Si te realizaron una cirugía para retirar el útero, con frecuencia se puede utilizar únicamente estrógeno. Tu ginecóloga revisará si existe alguna razón para indicar un esquema diferente.

¿Cuáles son los riesgos?

Los riesgos cambian según la combinación hormonal, la vía de administración, el tiempo de uso y tus antecedentes. Por eso, no es correcto hablar de todas las terapias como si fueran iguales.

Cáncer de mama. La terapia combinada de estrógeno y progestágeno puede aumentar el riesgo, especialmente con un uso más prolongado. El estrógeno solo, que suele reservarse para mujeres sin útero, tiene un perfil diferente: algunas guías describen poco o ningún aumento del riesgo. Esto no significa que sea adecuado para cualquier mujer.

Coágulos sanguíneos y accidente cerebrovascular. El tratamiento oral puede aumentar estos riesgos. El estrógeno administrado mediante parches o gel tiene un perfil más favorable respecto a los coágulos, pero eso no elimina la necesidad de evaluar tus antecedentes.

Cáncer de endometrio. Usar estrógeno sistémico sin la protección hormonal adecuada cuando conservás el útero aumenta este riesgo. Por eso, no debés omitir por tu cuenta la progesterona prescrita.

También pueden aparecer efectos molestos, como sensibilidad en los senos, náuseas o manchado vaginal. Informarlos permite revisar si necesitás un ajuste del tratamiento.

¿Cómo saber si puede ser una opción para vos?

En general, la relación entre beneficios y riesgos suele ser más favorable cuando el tratamiento se inicia antes de los sesenta años o dentro de los primeros diez años desde la menopausia, siempre que no existan contraindicaciones.

Estos criterios orientan la decisión, pero no sustituyen una valoración individual.

Para aprovechar tu consulta, contale a tu ginecóloga:

  • Qué síntomas tenés y cuánto afectan tu descanso, tus actividades o tu vida sexual.
  • Cuándo fue tu última menstruación y si has tenido sangrados inesperados.
  • Si conservás el útero.
  • Qué enfermedades has tenido y cuáles medicamentos o suplementos utilizás.
  • Si existen antecedentes personales o familiares de cáncer de mama o problemas de coagulación.

También podés preguntarle: “¿Qué beneficio esperás en mi caso?”, “¿Por qué me recomendás esta presentación?” y “¿Qué cambios debería comunicarte durante el tratamiento?”.

Si la menopausia ocurre antes de los cuarenta y cinco años, necesitás una valoración específica. Cuando no existen contraindicaciones, suele recomendarse tratamiento hormonal hasta aproximadamente la edad habitual de la menopausia, por su papel en la protección de la salud ósea, entre otros aspectos.

¿Cuándo suele evitarse la terapia hormonal sistémica?

Generalmente no se recomienda cuando hay antecedentes de cáncer de mama, ciertos cánceres dependientes de hormonas, coágulos sanguíneos, accidente cerebrovascular, infarto o enfermedad hepática activa. Un sangrado vaginal sin causa conocida también necesita evaluación antes de iniciar el tratamiento.

Esta precaución no se traslada automáticamente al estrógeno vaginal de dosis baja. Si has tenido cáncer de mama y las molestias vaginales persisten pese a los tratamientos no hormonales, su uso puede valorarse de manera individual junto con ginecología y oncología.

¿Por cuánto tiempo se puede utilizar?

No existe una duración única para todas las mujeres. La decisión de continuar depende del alivio que obtenés y de cómo cambian tus riesgos.

Se recomienda revisar el tratamiento aproximadamente a los tres meses de iniciarlo y después, al menos una vez al año. En esas consultas se evalúan los síntomas, los efectos secundarios y la necesidad de ajustar o suspender la terapia.

¿Las hormonas “bioidénticas” son más seguras?

La palabra “bioidéntica” describe una hormona con la misma estructura que una producida por el cuerpo. No significa que sea inocua ni que una preparación personalizada sea superior.

Existen medicamentos regulados que contienen hormonas bioidénticas. Las mezclas preparadas de forma individual no han demostrado ser más seguras o eficaces que las formulaciones autorizadas y no se recomiendan de manera rutinaria cuando existen opciones reguladas apropiadas.

Antes de aceptar un tratamiento anunciado como “natural” o “personalizado”, preguntá qué contiene, cómo se controla su calidad y qué evidencia respalda su uso.

¿Qué pasa si no podés o no querés usar hormonas?

También existen opciones para vos. Según tus síntomas, se pueden valorar medicamentos no hormonales para los bochornos, terapia cognitivo-conductual y tratamientos dirigidos a la salud vaginal.

Los productos herbales y suplementos tampoco están libres de riesgos: algunos tienen evidencia limitada y pueden interactuar con otros medicamentos. Comentá con tu ginecóloga cualquier producto que estés utilizando.

Buscá un tratamiento que responda a tus necesidades

No tenés que tomar una decisión por miedo ni porque a otra persona le funcionó determinada terapia. Lo importante es entender qué puede mejorar en tu caso, cuáles son tus riesgos y qué alternativas tenés.

Si los síntomas están afectando tu bienestar, agendá una valoración ginecológica. Llevar tus dudas y hablar con claridad sobre lo que estás viviendo es un buen primer paso para recibir una atención que tome en cuenta tus necesidades y preferencias.

Aquí en FemWell la prioridad es tu salud. Si algo te preocupa, acudí a la consulta. ¿Tienes dudas? ¿Quieres más información sobre salud sexual o temas ginecológicos? Escríbinos y  agenda una cita; nos encantará acompañarte en cada paso de tu camino hacia el bienestar. Contáctanos a nuestro Whatsapp 89522677, y siguenos en nuestra cuenta de Instagram como femwellcenter.

Nota: Este artículo ofrece información educativa y no sustituye una evaluación médica individual.

Fuentes:

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¿Sangrás después de la menopausia? Por qué nunca debés ignorarlo y cómo se descarta el cáncer de endometrio

Si ya pasaste por la menopausia y un día notás una mancha de sangre en tu ropa interior, un flujo rosado o marrón, o un sangrado parecido a una menstruación, no deberías asumir que es algo normal por la edad.

Después de la menopausia, cualquier sangrado vaginal necesita ser evaluado, aunque haya ocurrido una sola vez, haya sido apenas una manchita y no tengás dolor ni ningún otro síntoma.

Esto no significa que automáticamente tengás cáncer. De hecho, la mayoría de las mujeres que consultan por sangrado después de la menopausia tienen una causa benigna. Sin embargo, el sangrado puede ser uno de los primeros signos del cáncer de endometrio y, precisamente porque puede aparecer cuando la enfermedad todavía está en una etapa temprana, consultar a tiempo puede hacer una gran diferencia.

Primero: ¿cuándo se considera que ya pasaste por la menopausia?

En términos generales, se considera que llegaste a la menopausia cuando han pasado doce meses consecutivos sin menstruación y esta ausencia se debe a la menopausia. Por lo tanto, si ya llevabas un año o más sin menstruar y volvés a presentar sangre vaginal, se considera sangrado posmenopáusico. Y no tiene que parecerse a una menstruación para que sea importante.

Consultá si notás:

  • unas pocas gotas de sangre;
  • una mancha roja en la ropa interior;
  • flujo rosado;
  • flujo marrón;
  • sangrado después de tener relaciones sexuales;
  • un episodio que solamente ocurrió una vez;
  • sangrado abundante parecido a una menstruación.

Incluso si no estás completamente segura de que lo que viste era sangre, vale la pena comentarlo durante una consulta.

¿Por qué puede haber sangrado después de la menopausia?

Hay varias posibles explicaciones y muchas de ellas no son cáncer.

Adelgazamiento de los tejidos vaginales

Después de la menopausia disminuyen los niveles de estrógeno. Esto puede hacer que las paredes vaginales se vuelvan más delgadas, secas y sensibles. Como consecuencia, puede aparecer sangrado, especialmente después de tener relaciones sexuales o por pequeños traumatismos sobre el tejido vaginal. También podés experimentar resequedad, ardor, molestias durante las relaciones sexuales o irritación.

Atrofia del endometrio

El endometrio es la capa que recubre el interior del útero. Después de la menopausia puede volverse muy fino debido a la disminución del estrógeno. Aunque parezca contradictorio, un endometrio demasiado delgado también puede producir sangrado.

Pólipos

Los pólipos son crecimientos que pueden aparecer dentro del útero o en el cuello uterino. La mayoría son benignos, pero pueden producir sangrado irregular o sangrado después de las relaciones sexuales. Dependiendo de su tamaño, apariencia y síntomas, puede ser necesario retirarlos y analizarlos.

Hiperplasia del endometrio

En este caso ocurre lo contrario a la atrofia: el revestimiento interno del útero se vuelve demasiado grueso. Algunas formas de hiperplasia son benignas, mientras que otras contienen alteraciones celulares que pueden aumentar considerablemente la posibilidad de desarrollar cáncer de endometrio. Por eso es importante determinar mediante una muestra de tejido exactamente qué tipo de cambio está ocurriendo.

Medicamentos y tratamientos hormonales

Algunos medicamentos y la terapia hormonal utilizada durante la menopausia también pueden estar relacionados con determinados patrones de sangrado. Pero aunque estés utilizando hormonas, no deberías asumir por tu cuenta que ellas son la causa. Si aparece un sangrado nuevo, inesperado o persistente, informáselo a tu ginecóloga o ginecólogo para determinar si necesita investigación.

Infecciones u otros problemas ginecológicos

Las infecciones del cuello uterino o del útero, así como algunas lesiones del cuello uterino, la vagina o la vulva, también pueden producir sangrado. Por eso, antes de concluir que la sangre viene del endometrio, es importante realizar una evaluación ginecológica adecuada.

¿Y qué relación tiene con el cáncer de endometrio?

El cáncer de endometrio comienza en el revestimiento interno del útero y ocurre con mayor frecuencia después de la menopausia. El sangrado posmenopáusico es particularmente importante porque aproximadamente nueve de cada diez pacientes diagnosticadas con cáncer de endometrio han presentado sangrado después de la menopausia.

Pero esta información debe interpretarse correctamente. No significa que nueve de cada diez mujeres que sangran después de la menopausia tengan cáncer. Un gran análisis internacional reportado por el Instituto Nacional del Cáncer encontró que aproximadamente nueve de cada cien mujeres que consultaron por sangrado posmenopáusico posteriormente recibieron un diagnóstico de cáncer de endometrio. Es decir, la mayoría de los sangrados posmenopáusicos no son causados por cáncer, pero el síntoma es demasiado importante para ignorarlo.

¿Quién tiene mayor riesgo de cáncer de endometrio?

El cáncer de endometrio puede aparecer incluso sin factores de riesgo conocidos, pero existen situaciones que aumentan su probabilidad. Entre ellas se encuentran:

  • mayor edad;
  • obesidad;
  • haber tenido exposición prolongada a estrógeno sin suficiente efecto de progesterona;
  • hiperplasia endometrial;
  • diabetes;
  • síndrome de ovario poliquístico;
  • no haber tenido embarazos;
  • haber tenido la primera menstruación muy temprano o la menopausia más tarde;
  • antecedentes de infertilidad;
  • tratamiento con tamoxifeno;
  • síndrome de Lynch;
  • antecedentes familiares cercanos de cáncer de endometrio;
  • determinados antecedentes familiares de cáncer de colon u ovario.

Tener uno o varios de estos factores no significa que inevitablemente vas a desarrollar cáncer. De la misma manera, no tenerlos tampoco permite descartar la enfermedad si aparece sangrado.

¿Cómo se estudia un sangrado después de la menopausia?

La evaluación se adapta a cada paciente según su edad, antecedentes médicos, medicamentos, características del sangrado y factores de riesgo.En general, puede incluir varios pasos.

Uno. Historia clínica y examen ginecológico

Tu ginecóloga o ginecólogo probablemente te preguntará:

  • cuándo fue tu última menstruación;
  • cuándo comenzó el sangrado;
  • cuánto sangraste;
  • si ocurrió más de una vez;
  • si apareció después de las relaciones sexuales;
  • qué medicamentos estás tomando;
  • si utilizás terapia hormonal;
  • cuáles son tus antecedentes médicos y familiares.

También puede realizarse un examen ginecológico para buscar posibles fuentes de sangrado en la vulva, vagina o cuello uterino.

Dos. Ultrasonido transvaginal

El ultrasonido transvaginal permite observar el útero, los ovarios y especialmente el endometrio. Una de las cosas que se evalúan es el grosor y la apariencia del revestimiento interno del útero.

Durante muchos años, encontrar un endometrio muy delgado en una mujer con sangrado posmenopáusico se consideró suficientemente tranquilizador en determinadas pacientes. Sin embargo, las recomendaciones cambiaron recientemente.

Una actualización importante en dos mil veintiséis

En abril de dos mil veintiséis, el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos publicó una actualización de su guía sobre la evaluación del sangrado después de la menopausia. La recomendación actual indica que, para la mayoría de las pacientes con sangrado posmenopáusico, la evaluación inicial debería incluir tanto ultrasonido transvaginal como toma de una muestra del tejido endometrial.

Este cambio es importante porque algunos cánceres pueden presentarse sin producir un engrosamiento evidente del endometrio en el ultrasonido. Por eso, actualmente un ultrasonido aparentemente tranquilizador no siempre debería ser utilizado por sí solo para descartar cáncer de endometrio.

La necesidad concreta de tomar una muestra debe decidirse de manera individualizada entre la paciente y su especialista, considerando sus características, riesgos, resultados y preferencias.

Tres. Biopsia del endometrio

Una biopsia endometrial permite analizar directamente las células del revestimiento del útero. Para realizarla se introduce cuidadosamente un instrumento delgado a través del cuello uterino y se obtiene una pequeña muestra del endometrio. Posteriormente, el tejido es enviado al laboratorio y examinado al microscopio por un especialista en patología para determinar si existen:

  • cambios benignos;
  • hiperplasia;
  • células precancerosas;
  • cáncer.

Esta es una diferencia fundamental: el ultrasonido permite observar el endometrio, mientras que la biopsia permite estudiar sus células.

Cuatro. Histeroscopia cuando sea necesaria

En algunas situaciones puede recomendarse una histeroscopia. Durante este procedimiento se introduce una cámara muy fina a través de la vagina y del cuello uterino para observar directamente el interior del útero. Puede ser especialmente útil cuando existe sospecha de un pólipo u otra lesión localizada, cuando la biopsia inicial no obtiene suficiente tejido o cuando el sangrado continúa o vuelve a aparecer a pesar de estudios iniciales que no encontraron cáncer. Además, durante la histeroscopia pueden obtenerse muestras dirigidas de las áreas que se observan anormales.

¿Qué pasa si la biopsia sale normal pero volvés a sangrar?

Este punto es muy importante. Si después de una evaluación inicial aparentemente normal volvés a presentar sangrado, no asumás que como ya te revisaron una vez no necesitás regresar. El sangrado persistente o recurrente puede requerir una nueva evaluación y, en determinadas circunstancias, una histeroscopia con nuevas muestras del endometrio. Cada nuevo episodio debe ser comunicado a tu ginecóloga o ginecólogo.

¿El Papanicolaou descarta el cáncer de endometrio?

No. La prueba de Papanicolaou está diseñada principalmente para estudiar células del cuello uterino y no es una prueba confiable para descartar cáncer de endometrio.

El Instituto Nacional del Cáncer señala que no existe actualmente una prueba rutinaria de detección para el cáncer de endometrio en mujeres sin síntomas. Cuando aparece sangrado anormal, se utilizan pruebas diagnósticas dirigidas, como el ultrasonido transvaginal y la toma de tejido del endometrio. Por eso, haber tenido recientemente un Papanicolaou normal no debería hacerte ignorar un sangrado después de la menopausia.

“Fue solamente una manchita, ¿puedo esperar a ver si vuelve?”

No es recomendable. Una sola mancha después de haber pasado doce meses sin menstruar merece una consulta. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido recomienda buscar evaluación incluso cuando el sangrado ocurrió una sola vez, fue una cantidad mínima, solamente hubo flujo rosado o marrón, no existe ningún otro síntoma o ni siquiera estás completamente segura de que se trataba de sangre. No necesitás esperar a que vuelva a suceder para consultar.

Consultar no significa que tengás cáncer

Es comprensible que escuchar las palabras “biopsia” o “cáncer de endometrio” genere preocupación. Pero investigar un sangrado posmenopáusico no significa que tu médico crea que definitivamente tenés cáncer. Significa que está descartando primero la causa que sería más importante detectar temprano. La mayoría de las mujeres con este tipo de sangrado no reciben un diagnóstico de cáncer.Y cuando el cáncer de endometrio produce síntomas y se encuentra temprano, existe una buena posibilidad de tratamiento exitoso.

En resumen

Si ya pasaron doce meses desde tu última menstruación y volvés a sangrar:

  • consultá, aunque solamente haya ocurrido una vez.
  • No necesitás esperar a tener dolor.
  • No necesitás esperar a que el sangrado sea abundante.
  • No necesitás esperar a que vuelva a ocurrir.
  • Y no asumás que simplemente es “parte de la menopausia”.

La mayoría de las veces la explicación será benigna, pero la única forma de saberlo es evaluando la causa. El objetivo no es asustarte. El objetivo es no dejar pasar un síntoma que puede ayudar a detectar tempranamente una enfermedad que, cuando se encuentra a tiempo, frecuentemente puede tratarse con éxito.

Aquí en FemWell la prioridad es tu salud. Si algo te preocupa, acudí a la consulta. ¿Tienes dudas? ¿Quieres más información sobre salud sexual o temas ginecológicos? Escríbinos y  agenda una cita; nos encantará acompañarte en cada paso de tu camino hacia el bienestar. Contáctanos a nuestro Whatsapp 89522677, y siguenos en nuestra cuenta de Instagram como femwellcenter.

Nota: Este artículo ofrece información educativa y no sustituye una evaluación médica individual.

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¿Ya no tenés ganas de tener relaciones? Bajo deseo sexual en mujeres: causas hormonales, emocionales y médicas y cuándo consultar

Hay momentos en los que simplemente no tenés ganas de tener relaciones sexuales. Tal vez antes disfrutabas más de la intimidad y ahora casi nunca pensás en sexo, sentís que necesitás mucho más tiempo para excitarte o preferís evitar los encuentros sexuales.

¿Significa que algo anda mal con vos? No necesariamente.

El deseo sexual femenino no es constante. Puede cambiar a lo largo de la vida y verse influido por las hormonas, el embarazo, la lactancia, el estrés, el sueño, algunos medicamentos, determinadas enfermedades, la salud emocional y la relación con la pareja. De hecho, el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos señala que alrededor de cuatro de cada diez mujeres presentan algún problema relacionado con las relaciones sexuales en algún momento de sus vidas.

Lo importante es diferenciar entre una disminución del deseo que forma parte de una etapa de tu vida y una situación persistente que te genera angustia, afecta tu bienestar o está relacionada con algún problema médico que necesita tratamiento.

Primero: no existe una cantidad “normal” de deseo sexual

No hay un número de veces por semana o por mes que determine si tu deseo sexual es normal.

Algunas mujeres piensan frecuentemente en sexo, otras solamente de vez en cuando y otras pueden pasar períodos largos sin sentir interés. Incluso durante la perimenopausia y la menopausia algunas mujeres notan menos deseo, otras sienten más interés sexual y otras prácticamente no perciben ningún cambio.

También es importante entender que el deseo no siempre aparece espontáneamente.

Quizás esperás sentir primero las ganas de tener relaciones y después comenzar la intimidad. Sin embargo, para muchas mujeres puede suceder al revés: comienzan con caricias, besos o cercanía emocional y el deseo aparece gradualmente después de haber iniciado la estimulación.

El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos reconoce que puede ser completamente normal no sentir deseo antes de comenzar la actividad sexual.

Por eso, tener menos pensamientos sexuales espontáneos que tu pareja o no sentir ganas “de la nada” no significa automáticamente que tengás una enfermedad.

¿Cuándo el bajo deseo sexual puede convertirse en un problema?

Los profesionales de la salud no evalúan solamente cuánto deseo sexual tenés. También importa cómo te sentís con respecto a ese cambio.

Según el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos, una disminución del deseo puede considerarse un trastorno cuando persiste durante al menos seis meses, produce angustia o tristeza y se acompaña de varios cambios como:

  • poco o ningún interés en iniciar actividades sexuales;
  • disminución importante de pensamientos o fantasías sexuales;
  • poco interés en responder cuando la pareja intenta iniciar un encuentro;
  • disminución significativa del placer durante la actividad sexual;
  • poco interés en cualquier actividad sexual, incluida la masturbación.

Esto significa que una mujer que tiene poco deseo pero está cómoda con su sexualidad no necesariamente necesita tratamiento.

En cambio, si pensás: “Antes yo no era así y esto me preocupa”, vale la pena investigar qué puede estar sucediendo.

¿Por qué puede disminuir el deseo sexual en una mujer?

La sexualidad femenina depende de muchos factores que interactúan entre sí. No siempre existe una sola causa y, en muchas ocasiones, hay varios factores ocurriendo al mismo tiempo.

1. Cambios hormonales

Las hormonas pueden modificar la lubricación vaginal, la excitación, el sueño, el estado de ánimo y la respuesta sexual.

Embarazo

Durante el embarazo el deseo sexual puede aumentar, disminuir o cambiar varias veces.

Las modificaciones hormonales, las náuseas, el cansancio, los cambios corporales, las preocupaciones relacionadas con el embarazo y las molestias físicas pueden afectar temporalmente el interés sexual. El embarazo está reconocido entre las etapas en las que pueden presentarse cambios en la función sexual.

No existe una única respuesta “correcta”: algunas mujeres mantienen su deseo sexual durante el embarazo y otras prácticamente pierden el interés durante determinadas etapas.

Después del parto y durante la lactancia

Esta es una causa particularmente frecuente que muchas mujeres no conocen. Después de tener un bebé pueden juntarse el cansancio, la falta de sueño, la recuperación del parto, las nuevas responsabilidades, los cambios en la imagen corporal y las modificaciones hormonales.

Además, durante la lactancia los niveles de estrógeno pueden permanecer más bajos. Esto puede producir:

resequedad vaginal;

menor lubricación;

molestias o dolor durante la penetración;

disminución del deseo sexual.

MedlinePlus señala que las mujeres que amamantan pueden presentar menos deseo sexual junto con resequedad vaginal y dolor durante las relaciones debido a los cambios hormonales asociados con la lactancia.

En muchos casos estos cambios son temporales.

Perimenopausia y menopausia

Durante la transición hacia la menopausia disminuye progresivamente la producción de estrógeno. Esta reducción puede hacer que los tejidos vaginales estén más secos, menos elásticos y más sensibles. Algunas mujeres comienzan a sentir ardor, irritación o dolor durante la penetración.

Y si tener relaciones empieza a doler, es completamente comprensible que también disminuyan las ganas de tenerlas.Además, los sofocos, los sudores nocturnos y los problemas de sueño relacionados con la menopausia pueden contribuir indirectamente a disminuir el interés sexual.

2. Resequedad o dolor durante las relaciones

A veces el problema no comienza con el deseo. Puede empezar con una relación sexual dolorosa. Si cada vez que intentás tener penetración sentís ardor, presión, dolor o irritación, tu cuerpo puede comenzar a asociar la intimidad con una experiencia desagradable. Gradualmente puede aparecer ansiedad anticipatoria y disminución del deseo.

El dolor durante las relaciones puede estar asociado, entre otras causas, con:

  • resequedad vaginal;
  • cambios hormonales;
  • endometriosis;
  • algunos quistes ováricos;
  • alteraciones de los músculos del piso pélvico;
  • problemas vulvares o vaginales;
  • dificultad para alcanzar suficiente excitación y lubricación.

El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos recomienda consultar cuando el dolor durante las relaciones es frecuente o intenso para descartar causas ginecológicas. El dolor durante las relaciones no debería convertirse en algo que simplemente tengás que aguantar.

3. Estrés y agotamiento

Tu cerebro también participa en el deseo sexual.

Si estás pasando el día resolviendo problemas, cuidando niños, trabajando, preocupándote por dinero, durmiendo poco o sintiéndote mentalmente agotada, puede ser difícil pasar rápidamente de ese estado de alerta a uno de relajación y excitación sexual.

El estrés, la ansiedad y la falta de sueño están reconocidos entre los factores que pueden interferir con la respuesta sexual femenina.

A veces el cuerpo sí podría responder sexualmente, pero simplemente no existe suficiente espacio mental para que aparezca el deseo.

4. Ansiedad y depresión

La salud emocional y la sexualidad están estrechamente relacionadas. La depresión puede disminuir el interés por actividades que antes resultaban placenteras, incluido el sexo. La ansiedad, por su parte, puede dificultar relajarse, concentrarse en las sensaciones corporales y disfrutar del encuentro.

También puede aparecer un círculo difícil de romper:

menos deseo → preocupación por no tener deseo → ansiedad durante las relaciones → todavía menos deseo.

La depresión, la ansiedad y el estrés se encuentran entre las causas reconocidas de problemas sexuales en las mujeres.Si además de perder el interés sexual sentís tristeza persistente, pérdida de interés por otras actividades, alteraciones importantes del sueño, ansiedad intensa o cambios marcados en tu funcionamiento diario, es importante comentarlo durante la consulta.

5. Problemas en la relación de pareja

El deseo sexual tampoco ocurre separado de la relación. Conflictos frecuentes, resentimientos, falta de comunicación, sentirse poco escuchada, pérdida de confianza, presión para tener relaciones o diferencias importantes en la frecuencia sexual deseada pueden afectar la intimidad.

También es frecuente que dos personas simplemente tengan niveles diferentes de deseo sexual. Eso no significa necesariamente que una quiera más a la otra. El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos reconoce los problemas de pareja y las diferencias en el nivel de deseo entre las causas que pueden interferir con la respuesta sexual.

6. Cambios en la imagen corporal

El embarazo, el parto, los cambios de peso, una cirugía, el envejecimiento o determinadas enfermedades pueden modificar cómo percibís tu cuerpo. Cuando durante un encuentro sexual estás pensando constantemente en cómo se ve tu abdomen, tus cicatrices, tus pechos o cualquier otra parte de tu cuerpo, puede resultar mucho más difícil concentrarte en el placer. La percepción corporal y la autoestima forman parte de los factores que pueden afectar la excitación y el deseo sexual.

7. Experiencias sexuales negativas anteriores

Experiencias sexuales dolorosas, situaciones en las que no se respetaron tus límites o antecedentes de violencia o abuso también pueden influir en la forma en que el cuerpo y la mente responden posteriormente a la intimidad.

No todas las mujeres reaccionan de la misma manera y estos antecedentes nunca deberían asumirse automáticamente como la causa. Sin embargo, cuando son relevantes, pueden abordarse de manera respetuosa y confidencial con profesionales capacitados. El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos incluye las experiencias sexuales negativas entre los factores que pueden contribuir a problemas sexuales.

8. Algunas enfermedades también pueden disminuir el deseo sexual

No todo es psicológico ni hormonal. Existen enfermedades que pueden afectar directa o indirectamente la sexualidad debido al dolor, el cansancio, los cambios hormonales, los efectos sobre los nervios o el impacto emocional de vivir con una enfermedad crónica.

Entre ellas se encuentran:

  • enfermedades de la tiroides;
  • diabetes;
  • algunos trastornos neurológicos;
  • enfermedades cardiovasculares;
  • artritis y dolor crónico;
  • cáncer y algunos de sus tratamientos;
  • enfermedades ginecológicas que producen dolor.

Por eso es importante no asumir automáticamente que la pérdida del deseo se debe únicamente a la edad o a problemas de pareja.

9. ¿Los medicamentos pueden bajar el deseo sexual?

Sí. Algunos medicamentos pueden modificar el deseo, la excitación, la lubricación o la capacidad para alcanzar el orgasmo. Entre los medicamentos que pueden producir problemas sexuales en algunas mujeres se encuentran:

  • ciertos antidepresivos;
  • algunos medicamentos utilizados para controlar la presión arterial;
  • determinados medicamentos con efecto anticolinérgico;
  • algunos analgésicos, especialmente los derivados de opioides;
  • determinados tratamientos hormonales;
  • algunos tratamientos utilizados contra el cáncer.

También existen mujeres que perciben cambios sexuales después de comenzar determinados anticonceptivos hormonales, aunque la respuesta puede variar considerablemente entre una mujer y otra.

No suspendás por tu cuenta un medicamento que te hayan indicado.

Si notaste que tu deseo sexual cambió poco después de comenzar un tratamiento, comentáselo al profesional que te lo recetó. Puede ser posible cambiar la dosis, modificar el medicamento o buscar alternativas dependiendo de tu situación.

Deseo sexual y excitación sexual no son exactamente lo mismo

Aunque suelen relacionarse, no significan lo mismo. El deseo es el interés por participar en una actividad sexual. La excitación incluye los cambios mentales y físicos que aparecen durante la estimulación sexual. Podés tener deseo pero presentar dificultades para lubricarte. También podés comenzar una actividad sexual sin mucho deseo inicial y sentir excitación y deseo posteriormente.

El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos explica que algunas mujeres experimentan excitación mental sin una respuesta física evidente, otras presentan cambios físicos sin sentirse mentalmente excitadas y otras necesitan estimulación antes de que aparezca el deseo. Comprender esta diferencia evita pensar que toda experiencia sexual tiene que comenzar necesariamente con unas ganas intensas y espontáneas.

¿Cuándo deberías consultar por bajo deseo sexual?

Considerá conversar con tu ginecóloga o ginecólogo si:

  • tu deseo sexual disminuyó claramente respecto a cómo era antes;
  • el cambio lleva varios meses;
  • la situación te preocupa o te genera angustia;
  • está afectando tu relación o tu calidad de vida;
  • evitás las relaciones porque tenés dolor;
  • tenés resequedad vaginal persistente;
  • presentás sangrado durante o después de las relaciones;
  • empezaste a notar el cambio después de iniciar algún medicamento;
  • aparecieron síntomas de ansiedad o depresión;
  • el cambio comenzó durante la perimenopausia o menopausia y está afectando tu bienestar;
  • además del bajo deseo presentás otros síntomas físicos que podrían sugerir una enfermedad.

MedlinePlus recomienda buscar evaluación profesional cuando los problemas sexuales duran varios meses o producen angustia. No necesitás esperar hasta que la situación sea extrema para mencionarla durante una consulta ginecológica.

¿Qué te pueden preguntar durante la consulta?

Hablar sobre sexualidad puede dar vergüenza al principio, pero es una parte legítima de tu salud. Durante la valoración pueden preguntarte:

  • cuándo comenzó el cambio;
  • cómo era tu deseo anteriormente;
  • si ocurre siempre o solamente en determinadas circunstancias;
  • si sentís dolor o resequedad;
  • si todavía podés excitarte o alcanzar el orgasmo;
  • qué medicamentos utilizás;
  • si ha habido cambios en tu relación;
  • cómo estás durmiendo;
  • cómo está tu estado de ánimo;
  • si estás embarazada, amamantando o entrando en la menopausia;
  • si existen otras enfermedades o síntomas.

Dependiendo de tu caso también puede realizarse una evaluación física y ginecológica, especialmente si existe dolor, resequedad u otros síntomas genitales. No todas las mujeres necesitan los mismos exámenes. La evaluación debe orientarse según tus síntomas y antecedentes.

¿Tiene tratamiento el bajo deseo sexual?

Sí, pero el tratamiento depende de la causa. No existe una solución universal porque no es lo mismo tener poco deseo debido a dolor vaginal que tenerlo debido a depresión, falta de sueño, efectos de un medicamento o dificultades en la relación.

Si existe resequedad vaginal

Los lubricantes pueden reducir la fricción durante las relaciones y los hidratantes vaginales pueden ayudar a mantener la humedad vaginal. En mujeres con cambios relacionados con niveles bajos de estrógeno, especialmente durante la menopausia, existen además tratamientos locales que pueden ser considerados por el profesional de salud.

Si existe dolor

Primero debe investigarse su causa. Tratar adecuadamente la resequedad, las alteraciones del piso pélvico o determinadas enfermedades ginecológicas puede mejorar indirectamente el deseo al hacer que la actividad sexual vuelva a ser cómoda.

Si el problema está relacionado con un medicamento

El profesional puede valorar modificar la dosis o cambiar el tratamiento cuando exista una alternativa apropiada. Nunca hagás estos cambios sin supervisión médica.

Si predominan el estrés, la ansiedad o los problemas de pareja

La terapia psicológica, la terapia sexual o el acompañamiento de pareja pueden ser útiles en algunos casos. También puede ayudar recuperar espacios de intimidad que no tengan como objetivo obligatorio llegar a la penetración o al orgasmo.

El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos recomienda trabajar los problemas de la relación, reducir las fuentes de estrés, dedicar tiempo a la actividad sexual y prestar atención a la cercanía emocional.

Dormir también importa

Parece sencillo, pero el agotamiento constante puede ser un enemigo importante del deseo.

Dormir adecuadamente, mantenerse físicamente activa y reducir el estrés forman parte de las medidas que pueden favorecer una mejor respuesta sexual.

¿Existen medicamentos específicamente para aumentar el deseo sexual?

Existen tratamientos farmacológicos para situaciones muy específicas, pero no son medicamentos para aumentar el rendimiento sexual ni son apropiados para todas las mujeres.

Por ejemplo, en Estados Unidos la flibanserina está autorizada actualmente para determinadas mujeres menores de sesenta y cinco años con trastorno del deseo sexual hipoactivo adquirido y generalizado cuando el problema causa un malestar importante y no se explica mejor por otra enfermedad, un trastorno psiquiátrico, problemas en la relación o los efectos de medicamentos.

La indicación de este medicamento fue actualizada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos en dos mil veinticinco para incluir a mujeres menores de sesenta y cinco años independientemente de su estado reproductivo. El medicamento puede tener efectos adversos e interacciones importantes, por lo que requiere valoración médica.

También existen otros tratamientos utilizados en determinados grupos de mujeres y terapias específicas para síntomas sexuales relacionados con la menopausia. La elección depende de la edad, los síntomas, los antecedentes médicos, los medicamentos utilizados y la causa identificada.

No comprés hormonas, testosterona o productos promocionados como “estimulantes sexuales femeninos” sin una valoración profesional.

Preguntas frecuentes sobre el bajo deseo sexual en mujeres

¿Es normal no tener ganas de tener relaciones todos los días?

Sí. No existe una frecuencia universal que determine qué cantidad de deseo sexual es normal. El deseo puede cambiar entre personas e incluso puede variar en una misma mujer dependiendo de su etapa de vida, estado emocional, relación, sueño y salud.

¿Tener poco deseo significa que ya no quiero a mi pareja?

No necesariamente. El deseo sexual puede disminuir aunque exista amor, atracción y una relación emocionalmente satisfactoria. Cansancio, lactancia, menopausia, estrés, medicamentos y enfermedades pueden afectar la sexualidad independientemente de los sentimientos hacia la pareja.

¿Es normal perder las ganas después de tener un bebé?

Puede suceder. Después del parto hay cambios hormonales, recuperación física, cansancio y alteraciones importantes en las rutinas y el sueño. Además, durante la lactancia puede existir menor producción de estrógeno, resequedad vaginal y disminución temporal del deseo.

¿La menopausia necesariamente elimina el deseo sexual?

No. Algunas mujeres sienten una disminución importante, otras prácticamente no notan cambios y otras incluso experimentan mayor interés sexual. Cuando la menopausia produce resequedad o dolor, tratar estos síntomas puede mejorar considerablemente la experiencia sexual.

¿Los anticonceptivos pueden disminuir el deseo?

En algunas mujeres puede existir una relación entre determinados tratamientos hormonales y cambios en la función sexual, mientras que otras no perciben ninguna diferencia. Si el cambio comenzó después de iniciar un anticonceptivo, vale la pena conversar con tu ginecóloga o ginecólogo antes de decidir suspenderlo.

No tenés que resignarte a pensar que “así es la edad”

La sexualidad cambia durante la vida, y tener períodos con menos deseo puede ser completamente normal. Pero tampoco deberías sentir que tenés que aceptar durante años una pérdida del deseo que te preocupa, relaciones dolorosas o una vida sexual que dejó de ser satisfactoria.

Detrás del bajo deseo pueden existir factores hormonales, emocionales, médicos, sexuales y de pareja, y muchas de estas causas pueden tratarse. Si sentís que tu deseo sexual cambió significativamente, tenés dolor, resequedad, dificultad para excitarte o simplemente querés entender qué está pasando, podés hablarlo durante tu consulta ginecológica.

Tu salud sexual también forma parte de tu salud integral.

Aquí en FemWell la prioridad es tu salud. Si algo te preocupa, acudí a la consulta. ¿Tienes dudas? ¿Quieres más información sobre salud sexual o temas ginecológicos? Escríbinos y  agenda una cita; nos encantará acompañarte en cada paso de tu camino hacia el bienestar. Contáctanos a nuestro Whatsapp 89522677, y siguenos en nuestra cuenta de Instagram como femwellcenter.

Nota: Este artículo ofrece información educativa y no sustituye una evaluación médica individual.

Fuentes

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Climaterio y Menopausia: Qué son y cómo funciona el Test de Severidad

Qué bueno que estás por acá. Hoy quiero platicar con vos sobre una etapa muy importante en la vida de toda mujer. A veces, cuando llegamos a cierta edad, empezamos a notar cambios en nuestro cuerpo y en nuestras emociones, y es normal que te sintás un poco confundida o hasta asustada.

Pero ¡tranquila! No estás sola. Vamos a aclarar qué es exactamente el climaterio, qué es la menopausia y cómo los médicos logran medir lo que estás sintiendo usando una herramienta llamada Test de Severidad o Escala de Puntuación de la Menopausia. Todo esto se encuentra respaldado por entidades oficiales como la Organización Mundial de la Salud.

Climaterio y Menopausia: Qué son y el Test de Severidad | Femwell Center

¿Qué es el climaterio y en qué se diferencia de la menopausia?

Fijate que muchas veces usamos estas dos palabras para decir lo mismo, pero en realidad son cosas distintas:

  • El climaterio: Es toda la etapa de transición. Empieza varios años antes de tu última regla y termina algunos años después. Durante este tiempo, tus ovarios empiezan a bajar la producción de hormonas, como los estrógenos. Aquí es cuando podés empezar a sentir esos famosos calores, cambios de humor o problemas para dormir. ¡Es todo un proceso!
  • La menopausia: Es un momento exacto en el tiempo. Se dice que llegaste a la menopausia justo cuando cumplís doce meses seguidos sin que te baje tu menstruación. La Organización Mundial de la Salud la define exactamente como ese cese permanente de la regla. Así que la menopausia es solo una fecha, mientras que el climaterio es todo el viaje.

¿Qué es el Test de Severidad y cómo funciona?

Si vos andás sintiendo un montón de molestias y vas a la consulta con tu doctora o tu doctor, es muy probable que te apliquen el Test de Severidad, muy conocido en el mundo médico como el Índice de Kupperman o la Escala de Puntuación de la Menopausia.

¿Para qué sirve? Básicamente, le ayuda a tu especialista a saber qué tan fuertes son tus síntomas y cómo están afectando tu calidad de vida todos los días. No es lo mismo sentir un calorcito de vez en cuando, que no poder dormir en toda la noche.

El test funciona de manera muy fácil. Te van a hacer preguntas sobre once molestias principales, por ejemplo:

  1. Calores y sudoraciones.
  2. Problemas con tu corazón, como si te palpitara muy rápido.
  3. Problemas para dormir bien.
  4. Cambios de humor, si te sentís triste, enojada o ansiosa de la nada.
  5. Cansancio en tu cuerpo y en tu mente.
  6. Problemas a la hora de tener relaciones sexuales, como resequedad vaginal.
  7. Dolores en tus huesos o en tus músculos.

A cada uno de estos síntomas, vos le vas a dar una nota desde el número cero hasta el número cuatro:

  • Cero significa que no sentís nada de eso.
  • Uno significa que la molestia es leve.
  • Dos significa que la molestia es moderada.
  • Tres significa que la molestia es severa.
  • Cuatro significa que la molestia es muy severa, al punto que ya no la soportás.

Al final, tu médico suma todos esos puntos. Si el total es un número bajito, significa que tus síntomas son leves y se pueden manejar al suave con cambios en tu estilo de vida o en tu alimentación. Pero si la puntuación es alta, tu especialista ya sabe que necesitás un tratamiento médico más específico para que te sintás mucho mejor.

No tenés por qué sufrir en silencio

Si estás pasando por esto, quiero recordarte que es una etapa completamente natural. No tenés que aguantar el malestar pensando que es algo normal de la edad. Si sentís que los cambios son muy fuertes, lo mejor es que busqués atención médica para que te hagan tu propio test y te den el acompañamiento que te merecés. ¡Cuidar de vos misma es lo más importante!

Aquí en FemWell la prioridad es tu salud. Si algo te preocupa, acudí a la consulta. ¿Tienes dudas? ¿Quieres más información sobre salud sexual o temas ginecológicos? Escríbenos y  agenda una cita; nos encantará acompañarte en cada paso de su camino hacia el bienestar. Contáctanos a nuestro Whatsapp 89522677, y siguenos en nuestra cuenta de instagram como femwellcenter.


Fuentes consultadas para crear esta publicación:

A continuación, te comparto los vínculos de las instituciones oficiales donde podés encontrar la información en la que se basa esta publicación:

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Perimenopausia temprana: señales que muchas ignoran

No estás loca, no estás vieja, estás en transición.
En tu cuerpo están pasando cambios hormonales naturales que pueden iniciar antes de lo que pensabas —incluso entre los 30 y 45 años. La clave es reconocer las señales y acompañarte con información confiable y un plan de cuidado.

Perimenopausia temprana: señales que muchas ignoran | FemWell

¿Qué es la perimenopausia (o transición menopáusica)?

Es la etapa previa a la menopausia en la que las hormonas —sobre todo el estrógeno— empiezan a fluctuar. Eso desordena la ovulación y el ciclo, y pueden aparecer síntomas que van y vienen. Termina cuando llevás 12 meses seguidos sin menstruación (ahí sí hablamos de menopausia).

Aunque lo más común es que estos cambios se noten en los 40s, algunas mujeres los perciben desde los 30s. No es “sugestión”: es fisiología.

Señales tempranas que suelen pasar desapercibidas

  • Ciclos irregulares o flujo distinto: periodos más cortos o más largos, sangrados más leves o más abundantes, o saltarse reglas. Si tus ciclos cambian 7 días o más de tu “normal”, puede ser perimenopausia temprana; si pasás 60 días sin menstruar, es una fase más avanzada de la transición.
  • Insomnio y despertadas nocturnas, con o sin sudores.
  • Cambios en el ánimo: irritabilidad, bajoneo, ansiedad o “niebla mental”.
  • Variaciones en la libido y molestias vaginales/urinarias (sequedad, ardor, urgencia para orinar), por caída de estrógenos. Este conjunto se conoce como síndrome genitourinario de la menopausia.
  • Cambios en piel y cabello, sensación de calor (fogajes), dolores articulares y fatiga: muy comunes, pero muchas veces no se conectan con la transición.

Si estos síntomas te están afectando el día a día, merecés evaluación: no es “exageración”, es salud.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico es clínico (por síntomas y cambios del ciclo). Las guías del National Institute for Health and Care Excellence(Reino Unido) recomiendan no hacer pruebas hormonales en mayores de 45 años para “confirmar” perimenopausia, porque los valores suben y bajan y confunden. En personas 40–45 años, el médico puede pedirhormona foliculoestimulante si los síntomas y el patrón del ciclo lo ameritan.

Para ordenar lo que pasa, los especialistas usan el sistema Stages of Reproductive Aging Workshop +10, que clasifica las etapas reproductivas (reproductiva, transición/perimenopausia y posmenopausia).

Dato importante: si todavía menstruás, podés quedar embarazada. Usá anticoncepción hasta cumplir 12 meses sin regla.

¿Cuándo debo consultar de inmediato?

  • Sangrados muy abundantes o con coágulos grandes,
  • Sangrado entre periodos o después de tener relaciones,
  • Regla que dura mucho más que antes,
  • Cualquier sangrado después de 12 meses sin menstruación.
    Estas situaciones requieren descartar otras causas.

Opciones de manejo (con ciencia y calidez)

1) Cambios de estilo de vida (base de todo):
Dormir mejor (rutina, cuarto fresco), ejercicio de fuerza y caminata, alimentación con frutas/verduras, granos integrales, proteínas magras y grasas saludables; limitar alcohol y cafeína si te disparan fogajes.

2) Terapia hormonal :
Sigue siendo el tratamiento más eficaz para los fogajes y ayuda al hueso en candidatas apropiadas. Las guías del National Institute for Health and Care Excellence (Reino Unido, 2024) recomiendan ofrecerla como opción de primera línea, personalizando según edad, antecedentes y factores de riesgo.

3) Opciones no hormonales (cuando no querés o no podés usar hormonas):

  • Fezolinetant (antagonista del receptor NK3) aprobado por Food and Drug Administration (EE. UU.) para fogajes moderados a severos. Es una alternativa libre de hormonas basada en ensayos fase 3.
  • Algunos ISRS/IRSN (p. ej., paroxetina) y gabapentina/oxibutinina pueden reducir fogajes en ciertos casos. La Menopause Society publicó un position statement (2023) sobre terapias no hormonales con dosis sugeridas y evidencia.
  • La Terapia cognitivo-conductual puede apoyar sueño/ánimo y manejo de síntomas en quienes lo prefieren o no usan hormonas.

4) GSM (sequedad, dolor con las relaciones, síntomas urinarios):
Hidratantes/lubricantes vaginales de rutina y, si se requiere, estrógeno vaginal de baja dosis (seguro y eficaz para síntomas locales). El término Síndrome Genitourinario de la Menopausia reemplaza “atrofia vaginal” porque incluye cambios en vagina, vulva, uretra y vejiga.

Cuidado integral 

  • Tus síntomas son reales. No estás loca, no estás vieja, estás en transición.
  • Vamos a revisar tu historia, ciclo, sueño, piel, peso, estado de ánimo y libido para armar un plan que calce con vos.

Tu checklist de acompañamiento:

  1. Llevá un diario de ciclos y síntomas (sueño, fogajes, ánimo, libido).
  2. Movete 150 min/semana + fuerza 2–3 días; cuidá tu masa muscular y tus huesos.
  3. Protegé tu suelo pélvico (fisioterapia si hay escapes de orina).
  4. Hablemos de anticoncepción si aún menstruás o tenés dudas.
  5. Elegí tratamiento (hormonal o no hormonal) según tus metas y tu historia clínica.

Nuestro enfoque en FemWell

No esperés a tener fogajes para cuidarte. La perimenopausia se acompaña, no se padece. En FemWell te ayudamos a recuperar el equilibrio y a tomar decisiones informadas.

Aquí en FemWell la prioridad es tu salud. Si algo te preocupa, acudí a la consulta. ¿Tienes dudas? ¿Quieres más información sobre salud sexual o temas ginecológicos? Escríbenos y  agenda una cita; nos encantará acompañarte en cada paso de tu camino hacia el bienestar. Contáctanos a nuestro Whatsapp 89522677, y siguenos en nuestra cuenta de instagram  como femwellcenter.

Fuentes

  1. NICE (UK). Menopause: identification and management (NG23). Actualizado 7 nov 2024. (diagnóstico clínico ≥45 años; uso selectivo de FSH 40–45; manejo y opciones). nice.org.uk+1
  2. OMS/WHO. Menopause – Fact sheet (16 oct 2024). (definición, edad típica, qué es perimenopausia, impacto y recomendaciones generales). who.int
  3. Mayo Clinic. Perimenopause – Symptoms & causes (actualizado 14 ago 2025). (síntomas, marcadores de perimenopausia temprana y tardía). Mayo Clinic
  4. Cleveland Clinic. Perimenopause: Age, Stages, Signs, Symptoms & Treatment. (inicio posible desde mediados de los 30s; síntomas frecuentes; pruebas hormonales no indispensables). Cleveland Clinic
  5. The Menopause Society (antes NAMS). Position Statements (2023 terapias no hormonales; 2022 terapia hormonal). The Menopause Society
  6. FDA (EE. UU.). Press release: FDA approves VEOZAH (fezolinetant) para fogajes moderados a severos (12 may 2023). U.S. Food and Drug Administration
  7. Portman DJ, et al. (2014). Genitourinary Syndrome of Menopause (GSM): nueva terminología y definición consensuada por NAMS/ISSWSH. PubMed
  8. STRAW+10. Executive summary of the Stages of Reproductive Aging Workshop +10 (2011/2012). (estadiaje clínico de la transición). pmc.ncbi.nlm.nih.gov
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Semana Mundial de la Menopausia: guía práctica para prepararte sin miedo

Fecha clave: cada 18 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Menopausia (World Menopause Day) para crear conciencia, derribar mitos y acercar opciones de apoyo basadas en evidencia.

Hola a vos que estás leyendo esto 💛. Si estás entrando a los 40s o ya andás con reglas irregulares, bochornos o cambios en el sueño, esta guía te acompaña paso a paso para que te prepares sin miedo, con lenguaje claro y fuentes oficiales al día.

Semana Mundial de la Menopausia: guía práctica sin miedo

1) Entendé qué es la menopausia (y qué no es)

  • Menopausia: cuando pasan 12 meses seguidos sin menstruación. Antes de eso hay una etapa de transición llamada perimenopausia con síntomas fluctuantes. No es una enfermedad, pero sí puede traer molestias que afectan la calidad de vida.
  • En el mundo, millones de mujeres harán esta transición en los próximos años; por eso hace falta más información y apoyo desde sistemas de salud y espacios de trabajo.

Señales frecuentes: bochornos, sudoraciones nocturnas, alteraciones del sueño/estado de ánimo, cambios en el ciclo, resequedad vaginal, dolor en relaciones, ganas de orinar con más frecuencia, cambios en piel y cabello.

2) Mitos vs. evidencia (para que no te asustés)

  • “La terapia hormonal (TH/MHT) está prohibida” → Falso. Las guías actualizadas señalan que la terapia hormonal es el tratamiento más efectivo para los síntomas vasomotores (bochornos) y también ayuda al síndrome genitourinario; se indica tras valoración individual, sobre todo si tenés <60 años o <10 años desde la última regla.
  • “Terapia Cognitivo-Conductual(CBT)/terapias no hormonales son iguales que la TH” → No. Son opciones útiles si no querés o no podés usar hormonas; pero la primera línea para bochornos, según NICE 2024, es la terapia hormonal (salvo contraindicaciones).
  • “Las hormonas son para prevenir infartos/cáncer” → No. No se indican para prevenir enfermedades crónicas en personas asintomáticas posmenopáusicas (recomendación USPSTF-U.S. Preventive Services Task Force). Se usan para síntomas y, en casos seleccionados, salud ósea.

3) Tu plan de preparación (checklist rápido)

A. Hacé tu evaluación básica con tu gine

  • Historia clínica, presión arterial, IMC, antecedentes de trombosis/cáncer/Enfermedad cardiovascular, migraña con aura, tabaquismo; revisión de métodos anticonceptivos si seguís ovulando.
  • Conversá metas: ¿qué te molesta más—bochornos, sueño, relaciones sexuales dolorosas, estado de ánimo? Las metas guían la elección del tratamiento.

B. Estilo de vida con impacto

  • Dormir mejor (higiene del sueño), ejercicio regular con énfasis en fuerza para masa muscular y hueso, alimentación rica en proteína, calcio y vitamina D; limitar alcohol/tabaco, manejar estrés. (Recomendaciones generales alineadas a OMS y guías clínicas).

C. Armá tu “kit” de manejo de síntomas

  1. Terapia hormonal (TH/MHT)
    • Más efectiva para bochornos/sudoraciones. Individualizada por vía (parches/geles u oral), dosis y necesidad de progestágeno si tenés útero. Revisiones periódicas con tu gine.
    • La guía NICE 2024 respalda ofrecer TH como primera línea para síntomas vasomotores; la decisión es compartida y se explican beneficios y riesgos según tipo/edad/tiempo desde menopausia.
    • Recordá: no se usa para prevenir enfermedades crónicas en asintomáticas (USPSTF – U.S. Preventive Services Task Force).
  2. Opciones no hormonales (si no querés o no podés usar hormonas)
    • Fezolinetant (Veozah®), primer antagonista NK3 aprobado por FDA para bochornos moderados-severos; requiere pruebas de función hepática antes y durante el uso por un aviso de seguridad sobre lesión hepática rara.
    • ISRS/IRSN (p. ej., paroxetina), gabapentina, oxibutinina: respaldos según consenso NAMS 2023.
  3. Síndrome genitourinario (resequedad, dolor sexual, urgencia urinaria)
    • Estrógeno vaginal local (óvulos/tabletas/cremas o anillo): primera línea, con baja absorción sistémica y perfil de seguridad favorable; evaluar casos especiales.
    • Dehidroepiandrosterona vaginal (DHEA prasterona): alternativa no estrogénica útil para dispareunia/atrofia.

D. Trabajo y vida diaria

  • Hablá con tu empleador sobre ajustes razonables: ventilación, pausas, flexibilidad para citas médicas. La campaña global del Día Mundial de la Menopausia promueve acciones comunitarias y laborales.

4) Señales de alerta: consultá de inmediato si…

  • Sangrado vaginal abundante o después de 12 meses sin regla; dolor pélvico persistente; dolor torácico/dificultad para respirar; dolor/calf hinchado (posible trombosis); ictericia, picazón intensa o síntomas de lesión hepática si usás fezolinetant (náuseas intensas, cansancio extremo, orina oscura).

5) Cómo decidir (paso a paso)

  1. Definí tu objetivo principal (ej.: dormir sin bochornos).
  2. Revisá contraindicaciones con tu gine.
  3. Elegí una opción (TH primera línea si aplica; de lo contrario, no hormonal).
  4. Probá 8–12 semanas y re-evaluá.
  5. Seguimiento anual (o antes si algo no va bien).

Nota importante: La duración de la TH es individualizada y se reevalúa periódicamente; la decisión se toma en conjunto según síntomas y factores de riesgo.

6) Preguntas rápidas de pacientes (FAQ)

¿La TH “siempre” causa cáncer?
No. El riesgo depende de tipo, dosis, vía, edad y tiempo desde la menopausia. La guía NICE enfatiza explicar beneficios/posibles riesgos y decidir juntas.

¿Cuándo considero tratamiento no hormonal?
Si preferís evitar hormonas o tenés contraindicaciones; NAMS 2023 prioriza opciones con evidencia (ISRS/IRSN, gabapentina, fezolinetant).

¿Y para la resequedad vaginal?
Primera línea: estrógeno local; alternativa: DHEA vaginal.

7) Para profesionales que nos leen

  • Materiales de campaña y hojas para pacientes de International Menopause Society (Día Mundial de la Menopausia).
  • NICE NG23 (2024, con actualizaciones 2025): decisiones compartidas, TH como primera línea para VMS, matices sobre riesgos específicos.
  • NAMS 2022/2023: posición sobre terapia hormonal y terapias no hormonales.
  • OMS (2024-2025): ficha técnica y retos de salud pública.
  • FDA: aprobación y seguridad de fezolinetant.

Conclusión (y abrazo final)

La menopausia es una transición natural y diversa. Con información confiable, opciones personalizadas y un equipo de salud cercano, podés atravesarla con tranquilidad. Si algo te preocupa, no lo dejés para después: agendá tu consulta y construyamos juntas tu plan.

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Fuentes

  1. International Menopause Society. World Menopause Day 2025. (sitio oficial de la campaña). imsociety.org
  2. Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO). Menopause – Fact sheet. (2024-2025). who.int
  3. NICE. Menopause: identification and management (NG23). Actualización 7 nov 2024 y materiales 2025. nice.org.uk+1
  4. The Menopause Society (NAMS). Hormone Therapy Position Statement 2022 y Nonhormone Therapy Position Statement 2023. PubMed+1
  5. USPSTF. Hormone Therapy for Primary Prevention of Chronic Conditions – Final Recommendation (2022). uspreventiveservicestaskforce.org
  6. FDA. Aprobación de fezolinetant (Veozah) para bochornos (mayo 2023) y comunicación de seguridad por lesión hepática rara (dic 2024). U.S. Food and Drug Administration+1
  7. AUA/SUFU/AUGS & ACOG. Manejo del síndrome genitourinario y uso de estrógeno vaginal/DHEA. auanet.org+1
  8. SWHR (2025). Women’s Health Disparities: Menopause Factsheet. (datos de alfabetización en menopausia). Society for Women’s Health Research
  9. The Lancet Global Health (2025). Menopause: a global health and wellbeing issue… (magnitud del desafío). thelancet.com